CUBO / BITÁCORA URBANA

Arquitectos:
El Selectivo, Colectivo de Arquitectos
Ubicación:
Guayaquil, Ecuador
Arquitecto Interventor:
Juan Solis Orellana [Fabrica Nativa]
Asesor de Redacción:
Fausto Quiroz
Asesor de producción de Video:
Omaira Moscoso
Año de Proyecto:
2015
Fotografías:
Juan Solis, El Selectivo.
Colaboradores:
Rosa Sarmiento, Jennifer Vera, Karla Montesinos, Karla Rocha, Lissette Cortez, Grace Almeida, Sofía Naranjo, Mari Anchundia, Tatiana Alvarado, Gabriela Ladines, Cinthia León, Shirley Muñoz, Andrés Romero, Joselyn Burgos, Andrea Chávez, Carolina Vargas, Jairo Jiménez, José Carvajal.

El proceso de la bitácora urbana es sencillo;  recordé la obra de la artista Taiwanesa-Americana Candy Chang, como una frase sin completar lograba tener tantos matices dados por aquellas personas que se atrevían a demostrar su pensamiento a través de una tiza, luego imagine ese mismo efecto aplicado a un objeto tridimensional.
El momento en que se está pidiendo esta intervención,  a una semana previa del inicio de clases en la Universidad de las Artes se organizó un evento que hacia un llamado casi militar a personas que han tratado de mejorar las cosas con su actuar profesional, “la semana cero” llamaron a este acontecimiento y pensé, este tiempo y este este lugar no podría haber sido “el mejor lugar y el mejor tiempo” para hacer la intervención, lleno de tanta historia, anhelos y deseos.
El cubo, tubos de hierro negro de 3/4“ cortados y soldados a dos metros, formaban la estructura del mismo e iban recubiertos con una lona sencilla, esta lona servía de pizarra para las frases sin completar que se hicieron usando moldes de letras cortados sobre cartón gris y grafiteados con pintura de esmalte en spray.
Las frases pensadas por estudiantes que no hacen más que ser observadores de una realidad local muy globalizada definen acontecimientos comunes arraigados a nuestro contexto, a nuestra ciudad, a nosotros mismos:
“De mi ciudad no cambiaría…….”, “Si pudiera hacer algo por mi ciudad, haría……”, “me gusta Guayaquil por….”, y no podía faltar la siguiente, “Guayaco que se respeta…..”, nos permiten alejarnos por un momento de la cotidianidad.
Al principio era como alguien que ve algo nuevo y no lo quiere tocar; después de que unas cuantas personas escribieran sobre esta calamidad, la cosas empezaron a fluir y no solo escribieron, se expresaron de una manera tan natural que no nos fue posible retirar este objeto hasta tres días después del evento, un sábado en la tarde, como recordándome que este acontecimiento necesita conocer otras manos, otros pensamientos y que si no se lo traía de vuelta a donde nació, se perdería y no lo volveríamos a ver.

 

 

 

 

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